sábado, febrero 20

MALVINAS

Hasta tanto Argentina no adquiera, por vía del desarrollo de sus fuerzas productivas y de su cohesión política interna, un nivel de influencia internacional no digamos equivalente pero aunque sea próximo al que todavía exhibe Gran Bretaña, cualquier esperanza de recuperar Malvinas es vana y es tonta.
Ya podemos pasar toda nuestra vida arguyendo y demostrando teoremas legales en foros jurídicos, u obteniendo declaraciones huecas de parte de organismos que han sido creados y son financiados por las naciones poderosas para que sus burócratas invoquen el Derecho y hablen de "comunidad internacional" cuando las débiles se descarrían, y callen sumisos cuando se las revienta a cañonazos o se saquean sus materias primas.
La alternativa a estos medios pacíficos fue acometida en su momento por nuestro país cuando libró y perdió una guerra que, según expertos extranjeros muy acreditados, pudo haber ganado. Tal vez ofendamos con este abierto descreimiento la sensibilidad cultural de lectores que honradamente suponen que el Derecho Internacional equipara al débil y al fuerte. Lo cierto es que ni ahora ni nunca ha sido así.
¿Qué queda, pues? Queda esto: crecer y desarrollarse.


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